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	<title>dos puntos (y aparte) &#187; Cuentos</title>
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	<description>Inconsciente colectivo.</description>
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		<title>La foto más triste que he tomado</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Nov 2008 03:15:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
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por CARLITOS MARROQUÍN
Eran cerca de las 6 de la tarde. El sol caía y se ocultaba dentro de una incesante ola calurosa del último verano que me tocó vivir. Lima, la ciudad que me acogió ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/11/camara-konica.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-321" title="La foto más triste que he tomado" src="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/11/camara-konica-300x233.jpg" alt="" width="300" height="233" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>por CARLITOS MARROQUÍN</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Eran cerca de las 6 de la tarde. El sol caía y se ocultaba dentro de una incesante ola calurosa del último verano que me tocó vivir. Lima, la ciudad que me acogió toda mi vida, hoy deja de brillar para mí. La recuerdo con mucha añoranza en mis sueños, en mis pensamientos y en mi corazón. Se podría decir que es una de las pocas o única capital del mundo que tiene una vista privilegiada antes de que se haga de noche. Adoraba subir al tejado de mi casa y contemplar ese majestuoso momento, lo disfrutaba con mucho placer: mis ojos se llenaban de alegría, era una de las cosas más bellas que había visto. Es por esa razón que decidí ser fotógrafo y registrar con mi lente todo lo que me pareciera digno de retratar y expresar. Una fotografía es mejor que escribir 2000 párrafos con redundancias y sandeces, que la verdad hace perder el tiempo en vano.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi historia cambió cuando tenía 27 años, aproximadamente. Un día de invierno, luego de haber tomado diversas fotos para un reportaje en el medio donde trabajaba, decidí ir por un trago, que aplacara el agotamiento que sufría, a un bar barranquino que frecuentaba. Ahí conocí a Helena, quien se convirtió en mi novia. Ella era muy sociable y le gustaba bailar cualquier música con tal de mover los pies. Esa noche fue curioso cómo nos conocimos. Yo ya estaba de salida y ella bailaba cerca de mi mesa; con el cúmulo de personas que había, derramó, sin querer, el vaso de vodka que portaba, encima en mi saco.</p>
<p style="text-align: justify;">- Tienes que tener más cuidado, le dije.<br />
- Si, ‘sorry’, déjame limpiarte, me respondió asustada.<br />
- Ya, olvídalo, le respondí.<br />
- ¿Cómo te llamas?, le pregunté para entrar en confianza Y calmar sus nervios.<br />
- Helena, me dijo, mientras seguía secando mi saco y acariciaba mi mano.<br />
- ¿Y tú?, me repreguntó.<br />
- Guillermo, pero dime Willy.</p>
<p style="text-align: justify;">La noche se comportaba distinta a lo que pensaba que iba a durar. Conversamos, bailamos, tomamos y la llevé a mi casa, la hice pasar, hicimos el amor; fue una noche increíble a su lado. Ambos quedamos contentos y nos tomamos una foto a la mañana siguiente. La llevé a su casa, pensaba en ella todo el día, la llamé y salimos esa noche también, luego del trabajo. La foto de los dos la coloqué al pie de mi velador y la veía cada mañana; me había enamorado de ella como cuando de niño lo había hecho con las tardes de verano.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi álbum de fotos registraba otro acontecimiento importante en mi vida: Helena ocupaba todas las páginas. Me obsesioné mucho con ella, ya no hacía fotos a paisajes o a la caída del sol. Quería tenerla en todos los rincones de mi cuarto: pegada en la pared, en el techo, en el baño, ventanas, en donde fuera; para que sea mi luz guía, de la buena suerte y protectora. Meses prodigiosos a su lado. Eran las mejores fotografías que había tomado.</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre buscábamos pasar el día juntos, a pesar de que cada uno tenía mucho trabajo. Iba a su trabajo a esperarla e irnos a almorzar juntos. La recogía a la hora que salía. En cualquier espacio que me daba, la llamaba y le decía lo mucho que la quería, lo imposible que podía llegar a hacer por ella; estaba perdidamente enamorado, no tenía opción, mi corazón le pertenecía.</p>
<p style="text-align: justify;">Para semana santa, decidí llevarla a mi casa de playa en Máncora. Ahí nos encontramos con otro grupo de amigos que fue con el mismo fin que nosotros. Disfrutamos tres días de intensa diversión. La libertad se asociaba con el descaro. Nos tomamos muchas fotos registrando todo nuestro amor, donde el sol era testigo de esa unión entre los dos. Me dieron ganas de decirle que se casara conmigo, pero decidí esperar nuestro regreso a Lima para hacerlo con más tranquilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegamos de noche, entre risas y besos. Fuimos a mi casa, no queríamos que su mamá se despertara, porque era de madrugada. No podía estar tranquilo, quería ver las fotos y llevar a mi mente esos recuerdos que hacía poco se dieron. Esperé que Helena se durmiera para bajar a mi laboratorio y revelarlas. Tenía mucho sueño, pero mi curiosidad y obsesión me hizo seguir ahí abajo. Mi mirada andaba de lado en lado. En eso, sentí que mi pierna se había rasgado con un clavo que andaba en un lugar equivocado, retrocedí bruscamente y me tropecé con la repisa que estaba detrás de mí y me resbalé con el impacto que generó. Tirado en el piso, subo la mirada para ver lo que había botado y el ácido con que les daba vida a mis imágenes me traicionaba y me caía en los ojos, provocando un ardor incesante. Gritaba de desesperación, me movía de un lado a otro sin poder hacer nada, tan solo sufrir. El mundo se me venía abajo. Helena escuchó a lo lejos mis quejas y corrió en mi auxilio. Me llevó a la clínica más cercana y el cirujano de turno se acercó a ella después de 3 horas que me encontraba ahí y le dijo: lo siento señorita, su novio ha quedado ciego. Ella lloró amargamente, sola en la esquina de un pasillo donde se encontraba. Esa noche presencié la fotografía más difícil que me había tocado vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasaron dos meses de lo sucedido, me dieron de alta, mi madre me llevó a mi casa en medio de tinieblas. Todo era distinto para mí, sólo podía ver un umbral oscuro en el horizonte lleno de neblina opaca. El único consuelo que me quedaba era Helena, mi esperanza de luz que me motivaba a sobrepasar ese cruel momento. Postrado en una silla de ruedas, una tarde de tantas, mi oído escuchó la voz cortada de ella, me dejaba las llaves de la casa encima de la mesa, me dijo, y que si necesitaba algo le dijera a mi madre, ya que no podía seguir conmigo, “sería un golpe muy duro en la relación”. No podía contener las lágrimas y apreté fuertemente un pañuelo que llevaba entre mis manos y me quedé solo. Viajó a Buenos Aires, a la casa de una amiga, debido a que no podía soportar permanecer cerca de mí. Mi álbum de fotos se manchó con su traición.</p>
<p style="text-align: justify;">Pasó un año de su partida. Visité al médico que me operó la primera vez y me dio la agradable noticia que la herida había madurado y que en un mes me volvía a operar. Mis esperanzas de seguir siendo fotógrafo regresaron. Sin embargo, la herida que Helena dejó en mí no tenía cura. Un 25 de mayo recobré la vista; mi madre, que siempre estuvo al pie de mi cama, tenía los ojos hinchados de tanto llorar y sufrir por mi culpa. Ese día descubrí que era la única persona en quien debía confiar a ‘ciegas’, que nunca me fallaría ni dejaría. Es la imagen más leal y noble que he podido captar con mi lente.</p>
<p style="text-align: justify;">Retomé mi empleo en el medio donde trabaja. El editor me recibió con los brazos abiertos y me dio ánimos para seguir adelante. Volví a retratar lo que mis ojos, mis nuevos y renovados ojos, veían, ¡que emoción sentía!; en ese momento aprendí a valorar lo importante que era el sentido de la vista para el ser humano. Por esos días, Argentina no pasaba por un buen momento político y la prensa local necesitaba estar presente en la noticia que daba que hablar. Mi situación económica había bajado y necesitaba el dinero que me ofrecían por viajar y tomar fotos, a pesar de que no quería, porque sabía que Helena estaba allá. El destino hizo que nos reencontráramos, yo me encontraba en medio de una protesta con mi cámara y ella huía del lugar para que no le sucediera nada. La divisé a lo lejos y corrí desesperado. Ella se quedó sorprendida y anonadada con sólo verme. Nos sentamos en un parque a conversar y a pedirle una explicación: por qué me abandonó cuando más la necesitaba. Lloró, no sabía qué decir. Pensaba que yo me iba a quedar de por vida ciego, pero nunca se imaginó una pronta recuperación. Sonó su celular y era su marido. Se despidió de mí y me pidió que me alejara y nunca más la vuelva a buscar. Corrió a la esquina donde se encontraba la camioneta con su esposo, su suegra y un bebé en brazos: era su hijo. No tenía nada más que hacer en ese lugar. Regresé a Lima con el material que había recopilado en mi estancia en Buenos Aires. Me pagaron lo que ofrecieron y premiaron mi informe como el mejor foto-reportaje de ese año. Elogios por todos lados, pero dentro de mí sabía que no compartía ese sentimiento de alegría.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora tengo cerca de 60 años, vivo en Miami, pero regreso cada 3 meses a Lima, para ver cómo ha cambiado. Me casé, tengo dos hijos. Nunca antes había contado este suceso que marcó mi vida. No quería que tenga difusión por lo grave que fue. Pero ahora que estoy viejo y las críticas no me afectan, quiero pronunciarme. Le debo mucho a la cámara, porque sin ella no sería lo que soy ahora, pero también me hizo sufrir mucho. Todo suceso que me marcó, lo consideré una foto, las cuales llevo dentro de mi álbum cerebral. Y hoy, frente a esta maravillosa vista que siempre me da la caída del sol en épocas de verano, puedo decir que mi vida es una fotografía que puede tener momentos difíciles, pero también hermosos como el que estoy presenciando en estos momentos en el tejado de mi casa.</p>
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		<title>Viviría</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Sep 2008 12:16:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[“Yo podría ser un periodista. Creo que las entrevistas son la nueva forma del arte. Creo que la autoentrevista es la esencia de la creatividad. Hacerte preguntas a ti mismo y tratar de encontrar respuestas. Lo que hace un escritor es contestar una serie de preguntas que no han sido pronunciadas.” (Jim Morrison)
Si yo hubiera estudiado música, viviría entre acordes, viviría entre notas, viviría entre armonías. Los anhelos, sueños, esperanzas y metas se transformarían en una dulce canción. Una canción de fe, una canción de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><span style="font-style: italic;">&#8220;Yo podría ser un periodista. Creo que las entrevistas son la nueva forma del arte. Creo que la autoentrevista es la esencia de la creatividad. Hacerte preguntas a ti mismo y tratar de encontrar respuestas. Lo que hace un escritor es contestar una serie de preguntas que no han sido pronunciadas.&#8221; (Jim Morrison)</span></p></blockquote>
<p><a href="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/09/music_study_by_cursedangelofheaven.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-70" title="Viviría" src="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/09/music_study_by_cursedangelofheaven-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>Si yo hubiera estudiado música, viviría entre acordes, viviría entre notas, viviría entre armonías. Los anhelos, sueños, esperanzas y metas se transformarían en una dulce canción. Una canción de fe, una canción de ilusión, una canción de vida.</p>
<div style="text-align: justify;">Aunque me digan que no triunfaré, aunque piensen que no soy capaz, aunque traten de disuadirme; tendría alguna trova entre mis dedos, algún bolero entre mis manos, algún verso entre mis labios. Si yo hubiera estudiado música, sería capaz de ver el mundo con optimismo y no con rencor, de escuchar con atención y no con desidia, de amar con el corazón y no con la cabeza, de vivir y no de morir lentamente.</div>
<div style="text-align: justify;">Más la música y yo al unísono, en sinfonía, en armonía, en canción, en silencio. Un ensordecedor silencio porque un sueño se acabaría, porque un cuento infeliz empezaría, porque la vida terminaría. Si yo hubiera estudiado música, miraría a los ojos, pensaría lo que piensas, imaginaría tus sueños y te compondría mil y un versos. Do tras do, sol tras sol, fa tras fa, ninguna escala podría contener el sentimiento inverso que hoy me embarga.</div>
<div style="text-align: justify;">Feliz el cuento que hubiera vivido, fugaz la ilusión que habría tenido, sinuoso el camino que hubiera seguido, vida es lo que hubiera vivido. Si yo hubiera estudiado música, habría compuesto la más sutil obra de arte, como Beethoven con su Novena, como Dylan con su <span style="font-style: italic;">Tambourina</span>, como Lennon con su <span style="font-style: italic;">Imagina</span>. Entendería la vida en un pentagrama, aunque en un paralelo mundo me encuentre, aunque lo irreal y lo vivido convergen, aunque la tristeza y la felicidad se despierten.</div>
<p>Si yo hubiera estudiado música, viviría.</p>
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		<title>Paralelos</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Apr 2008 15:11:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. (Jorge Luis Borges)

Seis de la mañana. Corro hacia el muelle siguiendo al viento matutino y me encuentro con ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. <em>(Jorge Luis Borges)</em></p></blockquote>
<p><a href="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/09/img-post-00016.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-40" title="Paralelos" src="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/09/img-post-00016-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Seis de la mañana. Corro hacia el muelle siguiendo al viento matutino y me encuentro con uno de mis sueños más recurrentes: una bella mujer recostada disfrutando las primeras luces del tibio sol. Estaba vestida, según mi aún temeroso recuerdo, con ropajes de gitana. La gitana más bella que he visto. Me acerco cautelosamente para que no escuche mis pasos.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, se da cuenta de mi presencia. Ella sonríe; yo, también. Le pregunto, cual niño indefenso e inocente, su nombre y la razón de su temprana presencia en el viejo muelle. Con la respuesta que esperé siempre de una bella mujer, me respone: <span style="font-style: italic;">&#8220;No lo sé&#8221;</span>. <span style="font-style: italic;">&#8220;¿No sabes tu propio nombre?&#8221;</span>, repliqué. <span style="font-style: italic;">&#8220;No, pero yo conozco el tuyo&#8221;</span>, dijo con voz de sentencia. Retrocedí un paso con un temor que recorría todo mi cuerpo; ella sólo me tomó de las manos. Empecé a tratar de recordar, de forma apresurada, mis sueños anteriores. Pero ella no estaba allí.</p>
<p style="text-align: justify;">Con el miedo a cuestas, intenté alivianar la angustia con lo primero que se me vino a la mente: si no la recuerdo en mis sueños, entonces debo estar en uno de ellos. Pero si podría estar soñando por dos razones: primero, es demasiado bella para que esté en mi mente; segundo, conoce mi nombre. <span style="font-style: italic;">&#8220;¿Qué te sucede?&#8221;</span>, pregunta ante mis segundos de silencio. <span style="font-style: italic;">&#8220;Nada. No eres real. Debo estar soñando. Este es mi mundo paralelo perfecto: lleno de felicidad y con una mujer como tú&#8221;</span>, respondí mientras le daba la espalda alejándome. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, volteé para mirarla por última vez. Ella sonrió; yo, también.</p>
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		<title>Nos vemos, niña de la bufanda multicolor</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Feb 2008 17:32:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan. (Pablo ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan. <em>(Pablo Neruda)</em></p></blockquote>
<p><a href="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/09/img-post-00012.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-28" title="Nos vemos, niña de la bufanda multicolor" src="http://www.dospuntosyaparte.com/wp-content/uploads/2008/09/img-post-00012-300x205.jpg" alt="" width="300" height="205" /></a>
<p style="text-align: justify;">Muchas veces pensamos cómo serían nuestras vidas si tuviéramos la posibilidad de regresar al pasado. Esa oportunidad de corregir errores: un “Ctrl+Z” para nuestras acciones. Sin embargo, también es interesante el poder aprender de ellos, eso que llaman “experiencia&#8221;. Bueno, todo tiene un precio, como el que tuve que pagar yo alguna vez: decirle adiós a la niña de la bufanda multicolor.</p>
<p style="text-align: justify;">Todos los días me levantaba pensando en ella: cómo se encontraba, cómo había amanecido. Siempre lo hice. Es más, lo sigo haciendo. Pero regresando al hilo de la historia, todos los días quería saber cualquier cosa sobre ella. No se imaginen que yo estaba paranoico tratando de enviarle un mensaje, un mail, llamándola al celular o a su casa. No, yo prefería comunicarme con ella de la forma más directa: la mirada. Si, es cierto, con tan sólo mirarnos nos decíamos todo lo que queríamos expresar. Era increíble. Y es que la mirada debe ser lo más expresivo que los seres humanos tenemos. De otro modo, ¿por qué en mi memoria aún está lo que ella me decía con sus bellos ojos? Yo suelo olvidar todo, pero no su mirada. No la mirada de ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Tengo en mi memoria una imagen clarísima de ese momento. Era una tarde del 2001, un ocaso espectacular. Solo existíamos los tres: ella, el mar y yo. Sólo los tres. De la mano o abrazados, nunca decíamos nada. Ya todo estaba dicho entre nosotros. ¿Qué palabras podría encontrar ante sus ojos? Ninguna. Regresando a su casa, empezó a correr mucho viento y la tarde gris se convirtió en una noche azabache. De su mochila sacó la bufanda multicolor que tanto le gustaba. Era su bufanda favorita. Tenía miles de bufandas, pero la multicolor era la que más le gustaba a mi niña. Siempre tenemos algunas cosas que son nuestras favoritas por alguna razón: una camisa, un reloj, etc; pero yo no tenía ninguna en particular. Al menos eso creía hasta ese momento.</p>
<p style="text-align: justify;">Y es así que en uno de esos ocasos me dijo lo que más temí escuchar: tenía que viajar para encontrar un futuro mejor. ¿Un futuro mejor? ¿Acaso el presente no es suficiente? No, muchas veces el presente no es suficiente. Eso es lo que aprendí. Experiencia le dicen. ¿Recuerdan que dije que no tenía ninguna cosa en particular favorita? Ahora sé cuál era: mirarla. Mirar a mi niña, no existía nada mejor que eso. Ojalá que estés donde estés, sigas mirando al cielo cómo lo hacíamos, contando las estrellas que nos alumbraban cada noche azabache, cada tarde gris. Ojalá algún día vuelva a mirarte. Ojalá algún día vuelva a verte. Quizás deba hacer como Coti dice en su canción: &#8220;antes que sepa, que me hace falta, voy a olvidarla&#8221;. Nos vemos, mi niña. Nos vemos, niña de la bufanda multicolor.</p>
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