Nos vemos, niña de la bufanda multicolor
Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan. (Pablo Neruda)
Muchas veces pensamos cómo serían nuestras vidas si tuviéramos la posibilidad de regresar al pasado. Esa oportunidad de corregir errores: un “Ctrl+Z” para nuestras acciones. Sin embargo, también es interesante el poder aprender de ellos, eso que llaman “experiencia”. Bueno, todo tiene un precio, como el que tuve que pagar yo alguna vez: decirle adiós a la niña de la bufanda multicolor.
Todos los días me levantaba pensando en ella: cómo se encontraba, cómo había amanecido. Siempre lo hice. Es más, lo sigo haciendo. Pero regresando al hilo de la historia, todos los días quería saber cualquier cosa sobre ella. No se imaginen que yo estaba paranoico tratando de enviarle un mensaje, un mail, llamándola al celular o a su casa. No, yo prefería comunicarme con ella de la forma más directa: la mirada. Si, es cierto, con tan sólo mirarnos nos decíamos todo lo que queríamos expresar. Era increíble. Y es que la mirada debe ser lo más expresivo que los seres humanos tenemos. De otro modo, ¿por qué en mi memoria aún está lo que ella me decía con sus bellos ojos? Yo suelo olvidar todo, pero no su mirada. No la mirada de ella.
Tengo en mi memoria una imagen clarísima de ese momento. Era una tarde del 2001, un ocaso espectacular. Solo existíamos los tres: ella, el mar y yo. Sólo los tres. De la mano o abrazados, nunca decíamos nada. Ya todo estaba dicho entre nosotros. ¿Qué palabras podría encontrar ante sus ojos? Ninguna. Regresando a su casa, empezó a correr mucho viento y la tarde gris se convirtió en una noche azabache. De su mochila sacó la bufanda multicolor que tanto le gustaba. Era su bufanda favorita. Tenía miles de bufandas, pero la multicolor era la que más le gustaba a mi niña. Siempre tenemos algunas cosas que son nuestras favoritas por alguna razón: una camisa, un reloj, etc; pero yo no tenía ninguna en particular. Al menos eso creía hasta ese momento.
Y es así que en uno de esos ocasos me dijo lo que más temí escuchar: tenía que viajar para encontrar un futuro mejor. ¿Un futuro mejor? ¿Acaso el presente no es suficiente? No, muchas veces el presente no es suficiente. Eso es lo que aprendí. Experiencia le dicen. ¿Recuerdan que dije que no tenía ninguna cosa en particular favorita? Ahora sé cuál era: mirarla. Mirar a mi niña, no existía nada mejor que eso. Ojalá que estés donde estés, sigas mirando al cielo cómo lo hacíamos, contando las estrellas que nos alumbraban cada noche azabache, cada tarde gris. Ojalá algún día vuelva a mirarte. Ojalá algún día vuelva a verte. Quizás deba hacer como Coti dice en su canción: “antes que sepa, que me hace falta, voy a olvidarla”. Nos vemos, mi niña. Nos vemos, niña de la bufanda multicolor.


Me entrevistaron!!! en
http://www.blogsperu.com
Espero tu comentario la entrvista.
Un abrazo.
Alfredo
Fernando: Lo vi, Alfredo. No era para menos, tus crónicas son sencillamente geniales. Felicitaciones!
Deja tu respuesta!