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Ni con Dios, ni con el diablo: historia de un ex pandillero

Publicado el Lunes, 14 Diciembre 2009No hay comentarios

Por Fernando Alayo OrbegozoElmo Molina, de pandillero a rehabilitado

“Si van conmigo, no van con Dios, van con el diablo. Así que están más seguros”, dice Elmo, que no precisamente es la famosa marioneta que suele darle alegría a los niños. Elmo Molina es un rankeado ex delincuente, quién desde ya varios años dice haberse “plantado”, lo que significa en jerga “canera” (es decir, de la cárcel) que se ha “retirado del negocio de la delincuencia”. Ahora, un retirado Elmo Molina se dedica a la rehabilitación de aquellos jóvenes que han caído presos de las drogas y la delincuencia y trata de reconciliarse con la sociedad de esa manera. “Gracias a Dios, la embajada de España nos ha apoyado económicamente y hemos podido terminar de construir 2 fábricas de polos, en la que todos los chicos que estaban en pandillas de por mi zona trabajan ahí”.

Elmo recuerda que estar en una pandilla lo hacía sentir en familia. No existía papá o mamá, eran los patas del barrio con los que robaba y delinquía. Estar dentro de la pandilla lo hacía sentirse poderoso y, a la vez, protegido. Con esa misma lógica, él apoya a los pandilleros que rehabilita. “Lo importante es no desarticular la pandilla en sí, porque el grupo debe permanecer juntos. Es una familia y la familia hay que respetarla. Lo que sí tenemos que hacer es canalizar las actitudes. Hablar con ellos, estar con ellos, entender su espacio, qué es lo que buscan”. Recuerda que siempre suele impulsar el arte del graffiti en los centros donde él se encuentra ayudando y hace concursos de ese arte callejero y también de banderolas. “Ganó la banderola del Cristal”, agrega con una risa burlona. “Extremo celeste era el nombre; ‘Alto a la violencia’ con letras pequeñas”.

“No tengo equipo de fútbol en particular que me llame la atención ahora. Pero si debo admitir que soy uno de los fundadores del ‘Comando Sur’ junto a mi compadre ‘Sully’, aunque ya estamos retirados”, dice como quien cuenta una de sus hazañas. “En un barrio hay pandillas, que se enfrentan con las de otros barrios. Eso es lo que pasa ahorita. En cambio, en la barra, si tú eres del Alianza, tu enemigo es alguien dela ‘U’. Si te encuentras en la calle con uno de ellos, como en la guerra, tenemos que pelear. Tampoco puedes entrar a defender a tus compañeros, porque te cae a ti”, afirma. Hace la diferencia porque recuerda cómo se veía antes y como ve a los chicos que él ayuda en rehabilitación. No son drogas, no es alcohol. Es fútbol.

Disparar un arma se convirtió en cosa de todos los días para Elmo. La primera vez que empuñó una pistola contra alguien fue contra su propio hermano, tras una pelea familiar en la que él no supo manejar sus emociones. “Mi hermano mayor sabía pelear y en una discusión que tuvimos, me dio la tanda de mi vida. Me quedé picón, agarré su arma y lo perseguí a balazos por toda la calle. Mi hermano no me volvió a hablar en 5 o 6 años. Hasta que un día nos encontramos y arreglamos las cosas, porque me disculpé”, dice mientras hace una pausa. “Discúlpame por mi mala puntería”, agrega mientras sonríe.

Mientras recuerda su vida pasada, también explica que el discurso que utiliza para rehabilitar a los jóvenes tiene que ser en el mismo lenguaje de ellos. Ayuda el hecho que Elmo ha estado en problemas policiales –e incluso penales- por la delincuencia callejera. Él sostiene que “la pandilla es buena, lo malo es cuando empiezan a cometer acciones ilegales, porque finalmente es un espacio en el que se reúnen los muchachos. La idea de estar junto a personas con el mismo problema es el fundamento de toda pandilla. El problema es cuando existe la violencia, el robo”. En la fábrica de polos, él ayuda a la pandilla “Los Chacales” y ha podido crear la “Asociación Textil Los Chacales”, para que los jóvenes se sientan integrados en una sociedad que casi siempre les cierra las puertas.

Elmo trata de formalizar a las pandillas con la denominación Agrupación Juvenil, por lo que cuenta que muchas de estas ya se nombran de esa manera. Cuenta que en el Cercado de Lima, no le permitieron registrar a la Asociación Juvenil “La Pandilla Basura”, por el nombre hostil. Aunque también afirma que muchas chicas se agrupan de esta forma, como la Agrupación Juvenil “Las Diosas de Comas”. “Tanto el hombre como la mujer siempre van a buscar sus espacios y esto conlleva a que las chicas se encuentren en grupos. Las peleas de pandillas de mujeres suelen ser por patas, se buscan la ‘bronca’ por alguna relación de enamorados”, cuenta Elmo.

“Lo positivo de esta experiencia es que aprendí a manejar el liderazgo que tengo en las calles y que, a través de esto, muchas personas se han interesado en trabajar conmigo. Más que oportunidades laborales, me han ofrecido oportunidades para mostrar que se puede cambiar. Herramientas que se ajusten a la realidad de los barrios para que se pueda empezar un proceso de pacificación urbana”, finaliza Elmo. Pistolas, chairas, chuzos, batería. Palabras que son comunes en el lenguaje callejero. Quizá Elmo se sienta más seguro por su experiencia. Quizás sea porque estuvo con Dios, aunque también con el diablo.

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